Má siempre dice que los chicos de la familia son más guapos, pero yo digo que las chicas somos más tranquilas, más responsables y más agradables. Algo bueno nos tenía que tocar, leñes. Así que así pasamos la Nochebuena, todos comiendo como lobos y hablando por los codos, hasta que mi primo mayor se escabulló por la puerta en dirección a una fiesta y el resto fue dirigiéndose a la cama que le había tocado en suerte. El día siguiente almorzamos de nuevo todos juntos, y yo intenté no ponerme de los nervios con los pequeñajos, que no están excesivamente mal educados pero aún así tienen entre 11 y 5 años y más energía cada uno que todas mis Niñas y yo juntas. Después de comer regresé a SouthCity en autobús para aprovechar estudiando las Navidades, y dejé allí a Má, que creo que siempre ha tenido el alma dividida entre las dos ciudades. Seguramente, si yo no existiera ya habría pedido el traslado en el trabajo, aunque adora a sus compañeros de instituto.
Hasta aquí el relato de mis andanzas. Me toca hincar codos lo que resta de vacaciones, aunque espero hacer alguna que otra escapada ( que no consista únicamente en ver películas de DVD en versión orginal para refrescar el inglés y leer el fic de los Marauders que Lucecita me recomendó ayer y que ya me tiene completamente enganchada; agh, soy carne de vicio)
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